domingo, 23 de enero de 2011

Ciencia religiosa – religión científica

Hace no mucho trabé amistad con una persona que, entre varias conversaciones interesantes que en su momento tuvimos, me planteó indirectamente un cuestionamiento a mis convicciones religiosas o metafísicas desde un prisma desatendido por mi. Desde chico he tenido una formación católica no practicante, que es de lo más común que hay por estos lados. Con el paso del tiempo, fui abrigando dudas sobre la existencia de una realidad espiritual fuera del mundo sensible, y es así como he caído en el bando de los agnósticos (porque, más allá de algún chascarrillo que uso para compadrear, no puedo ser tan soberbio como para negar existencia a dicha realidad que no conozco).

Esta persona puso en mi puerta la idea de la reencarnación y de una sucesión de pasos por vidas físicas, con inicio y final bastante poco imaginable para un católico o para un agnóstico. Idea que ya conocía, aunque no con la profundidad actual luego de aceptar la invitación a leer cierta bibliografía. Conceptos como el nirvana, la cábala judía, la iluminación, la reencarnación, ya me eran familiares por haberlos investigado por propia voluntad a causa de escucharlos en muchas de las historias que contaba el negro Dolina en La Venganza (y que seguramente, pese a que hoy por hoy no puedo escucharlo, debe seguir contando).

De cualquier forma, el punto es que este intercambio ha dejado incólume mi pensamiento. Lamentablemente no he tenido la oportunidad de debatir en profundidad estas conclusiones con mi contraparte, pero en su momento en forma preliminar -y que sigo sosteniendo- adelanté que ante la duda, acepto como prioritaria la idea de que nuestro paso por la vida física es lo único cierto y de que probablemente a la hora de la muerte, se apaga la luz y a otra cosa, mariposa. Nuestro cuerpo se degrada, los minerales se confunden con los del suelo, y se acabó la persona.

En cualquier caso, la persona puede alcanzar cierto grado de inmortalidad en la historia, en el recuerdo que tengan los demás sobre su paso por el mundo. Y la idea de iluminación, o de avance en el conocimiento, o la sucesión de karmas, etc., tiene su paralelismo -para mí, más convincente- en la cultura: una acumulación de conocimientos y de respuestas (y nuevas preguntas) que explican la realidad y a la que todos contribuimos colectivamente, que van permitiendo la evolución de la civilización humana (más hoy en tiempos de globalización).

Llegué a afirmar ante mi contraparte que si bien no tenía fe en un dios, tenía confianza en la ciencia (estableciendo una diferencia entre una fe hija del sentimiento, y una confianza hija de la razón).

Pero he aquí que semejante intercambio me dejó sensible ante este tema. Y comencé a analizar los programas documentales de divulgación científica con otros ojos. Especialmente uno, “El Universo”, que se emite por el canal “History”.

Hace poco más de un mes terminé mis estudios de abogado, de modo que no pretendo aquí demostrar conocimientos de astrofísica o astrobiología, conocimientos de los cuales me hallo completamente huérfano. En consecuencia, no puedo afirmar con total certeza lo que voy a decir, pero sin embargo lo voy a exponer.

Se anuncia en conferencia de prensa por parte de la NASA que hay vida extraterrestre, ello fundado en que encontraron en nuestro planeta organismos que viven sobre la base del arsénico y no del carbono. Pero en verdad, esto es un acto de fe. Es una suposición la hipótesis de que pueda existir vida independiente de la química del carbono. Y en definitiva, como escuché decir alguna vez a un científico cuyo nombre no recuerdo, el conocimiento es conjetural -para dar cabida a la refutación en dicho esquema-, de modo que la ciencia puede y debe tener suposiciones, hipótesis.

Ahora, hay un paso que yo no capto entre el encontrar una bacteria en la Tierra que se da con arsénico -lo que abre la posibilidad de que exista toda una química orgánica diferente a la química del carbono- y sobre esa base anunciar que hay -si, que hay- vida extraterrestre, como se difundió la noticia a nivel mundial (se dijo que la NASA había descubierto vida extraterrestre, eso si, en la propia Tierra). Esto último deja de ser ciencia para transformarse en un acto de fe: la comunidad científica no difunde que tiene elementos como para considerar viable la existencia de vida fuera de este planeta, sino que se manifiesta devota de dicha posibilidad gracias a haber encontrado un organismo extraterrestre en la Tierra.

Tal vez el ejemplo dado no sea el mejor, porque está muy mediatizado. La información pasó por muchas manos (las más han de ser absolutamente legas, y por ello, puede que hayan tergiversado la información original) entre la NASA y la gente como yo que se enteró.

Y es en este momento en que vuelvo al documental de History. Al explicar el funcionamiento del universo, se acude a los modelos teóricos que hoy por hoy tienen el consenso más o menos general de la comunidad científica, y que conforman el paradigma, por ejemplo, de la astrofísica. Pero desde la divulgación científica no se dice eso. Se afirma, sin aclaración alguna, que el universo tiene una determinada cantidad de años, que tal o cual estrella tiene una determinada masa, que tal agujero negro tiene tanta cantidad de energía, que tal pulsar emite una cantidad determinada de radiación de rayos Gamma, y así sucesivamente.

Dar por sentado esto es un acto de fe. Es un elemento oscurantista que se filtra en la ciencia. Se afirma que el universo tiene X cantidad de años, pero no se dice que ese es el resultado de ecuaciones matemáticas que pretenden explicar el funcionamiento del universo, dando por cierto la pertinencia de dichas ecuaciones, y sin evidencia empírica contundente. Que en definitiva, es el resultado de la aplicación de un modelo matemático que se considera válido (hasta que deje de serlo). Como consecuencia de ello, cualquier lego termina creyendo en la ciencia como si fuera una religión más y nada se le ha dicho de que en verdad el modelo matemático es perfectamente falseable.

Se habla de que tal estrella tiene tal o cual característica. Siendo que hay elementos que están perfectamente sospechados pero que no se los va a poder confirmar hasta tanto no se orbite dicha estrella. En consecuencia, la gente debería recibir otro mensaje, que fuera del estilo de que “considerando los modelos matemáticos más aceptados para explicar el funcionamiento del universo, podemos concluir que resulta de la aplicación de ellos que tal estrella podría tener tal característica”. Entre eso y decir que la estrella tiene tal característica, sin expresar la forma a la que se llega a dicha conclusión, hay un trecho muy largo.

Por eso es que empecé a preocuparme por lo que parece ser un mensaje fideísta que se está bajando desde la divulgación científica, cuando en verdad la ciencia no debería dejar de referirse en ningún momento a los postulados teóricos que permiten explicar estos fenómenos, o mejor aún, a los cuales adaptan las pocas observaciones que tenemos para que no dejen de funcionar como postulados (ese paso de los intermedios entre la caída de un paradigma y el surgimiento de otro). Buscando tal vez la simplificación del discurso, suprimen la diferencia más notable que tiene la ciencia con la fe, que es la de saberse una disciplina que no postula verdades, sino conocimiento conjetural susceptible de ser reputado falso, y construido sobre la base de modelos teóricos.

1 comentario:

  1. Es triste ver como los programas de corte cientifico que transmiten en History Channel o en Dicovery Channel estan llenos de suposiciones y llegan a conclusionen sin sustentarlas. Pero para mi sorpresa las mismas publicaciones cientificas estan llenas de errores, con todo y los filtros de revision a los que son sometidos los articulos antes de publicarlos. Lo importante es que la ciencia siempre esta abierta a ser criticada y ser reproducida, sino no es ciencia.

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